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La guerra comercial entre Estados Unidos y China acaba de distenderse. Así es como llegamos hasta aquí.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, a la izquierda, y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, hablan con los medios después de que finalizaran las conversaciones entre altos funcionarios estadounidenses y chinos el domingo. 

Estados Unidos y China acuerdan reducir significativamente los aranceles en un periodo inicial de 90 días, marcando una desescalada en la guerra comercial global

Washington y Pekín alcanzaron un acuerdo para disminuir sustancialmente los aranceles aplicados mutuamente a sus productos durante una fase inicial de 90 días, lo que representa un paso importante hacia la reducción de las tensiones en el prolongado conflicto comercial entre ambas potencias.

El anuncio se realizó tras un fin de semana de intensas negociaciones en Ginebra, Suiza, encabezadas por altos funcionarios de las dos mayores economías del mundo.

Un avance inesperado: A pesar de ser temporal, el acuerdo alcanzado representa un progreso significativo e inesperado. La semana anterior, Bessent había intentado moderar las expectativas al señalar que el objetivo principal de las conversaciones era simplemente lograr una «desescalada» de las tensiones, y no necesariamente la firma de un «gran acuerdo comercial», dada la situación de estancamiento provocada por la política arancelaria implementada por el entonces presidente Donald Trump.

La celeridad con la que se lograron avances sorprendió incluso al Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, quien declaró el domingo:

“Es fundamental comprender la rapidez con la que llegamos a un acuerdo, lo que sugiere que quizá las diferencias no eran tan insalvables como se suponía”.

Por su parte, el representante comercial chino Li Chenggang había dejado entrever la posibilidad de una reducción arancelaria. Al ser consultado por un periodista sobre los detalles del anuncio, respondió:

“En cuanto al momento de la publicación del comunicado conjunto, como decimos en China: si los platos son sabrosos, el momento en que se sirven no importa. Por tanto, creo que sin importar cuándo se difunda, será una gran noticia, una buena noticia para el mundo”.

El tono constructivo y esperanzador adoptado por Pekín contrasta visiblemente con sus declaraciones previas respecto al conflicto. Durante semanas, las autoridades chinas mantuvieron una postura firme, exigiendo la eliminación total de los aranceles estadounidenses antes de volver a la mesa de negociaciones.

El viceministro de Finanzas, Liao Min, a la izquierda, hace un gesto hacia un periodista en una conferencia de prensa en la misión china ante la Organización Mundial del Comercio en Ginebra, Suiza, el domingo, junto al viceprimer ministro He Lifeng y Li Chenggang, viceministro de Comercio. 

Breve respiro en medio de la tensión comercial

Desde abril, las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China habían experimentado una escalada sostenida de medidas retaliatorias. Esta dinámica se intensificó cuando el entonces presidente Donald Trump impuso aranceles del 34 % a los productos chinos, incrementándolos posteriormente hasta un 145 %. En respuesta, China aplicó aranceles del 125 % a diversas exportaciones estadounidenses.

Expertos en economía han señalado que un umbral arancelario del 50 % constituye un punto crítico: superarlo representa una ruptura sustancial en las condiciones para restablecer una relación comercial funcional entre ambas potencias.

Dificultades en la consolidación de acuerdos

Desde la Casa Blanca se ha enfatizado que las negociaciones con China deben ser consideradas un proceso singular, distinto de los esfuerzos multilaterales en curso con otros países. Este enfoque diferenciado se ha acentuado tras la decisión del gobierno estadounidense de suspender por 90 días los aranceles “recíprocos” que habían sido anunciados el 2 de abril.

En paralelo, el acuerdo comercial alcanzado recientemente con el Reino Unido mantiene un arancel del 10 %, aunque contempla excepciones estratégicas que benefician a sectores clave como el automotriz, aeronáutico, siderúrgico, y a productos como el aluminio y la carne de res de origen británico.

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